“Mayéutica: técnica que consiste en interrogar a una persona para hacer que llegue al conocimiento a través de sus propias conclusiones”
“No hay mejor esclavo que aquel que siéndolo, se siente falsamente libre”Goethe
Vivimos en una ilusión en la que se nos inducen pautas de consumo a través de la publicidad y la presión de grupo que desafían toda lógica.
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¿qué puede inducir a una persona que conduce por asfalto el 99,9 % del tiempo a que se compre un coche todo terreno, diseñado para conducirse por terraplenes y baches y que resulta manifiestamente ineficiente en la carretera?
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¿qué hace que una persona sienta la necesidad de cambiar su televisión que funciona exactamente igual de bien que el día que la compró (día en el que estaba contentísimo con ella), gastándose un dineral en otra televisión que simplemente es más plana?
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¿mediante qué encantamiento nos convencieron de que el consumo nos hará felices y colmará ese vacío que sentimos dentro?
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¿cómo hemos pasado en tan solo unas décadas de gastar el 50 % de nuestros ingresos en comer a considerar que una docena de huevos ecológicos es “demasiado cara” e inasumible para nuestros bolsillos?
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¿por qué llegamos hasta el límite de sacrificar nuestra salud y hacienda en aras de una sumisión a patrones estéticos cambiantes impuestos por la industria de la moda?
Sentimos en mayor o menor medida que el mundo que nos rodea está lleno de injusticias y quisiéramos que fuera distinto pero nos narcotizamos ante lo ingente de la tarea diciéndonos a nosotros mismos que poco podemos hacer, que las cosas son así y que habremos de asumirlo.
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¿quién no preferiría realizar sus compras en comercios que remunerasen y tratasen de una forma digna a sus empleados y empleadas?
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¿cómo eludir la miseria de los países empobrecidos no por su falta de recursos o su incapacidad sino por economías de monocultivos impuestas por esas multinacionales a las que financiamos y damos poder cada vez que llenamos el carro de la compra?
Somos ajenos al poder que como consumidores y consumidoras tenemos, sin darnos cuenta de que simplemente dando sentido a un acto diario sencillo como es elegir lo que compramos y dónde lo hacemos tenemos la capacidad de derrocar gobiernos.
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¿por qué tras los atentados del 11 de septiembre el presidente de los EEUU, George Bush lanzó un mensaje por televisión llamando al consumo a los ciudadanos de su país, en lugar de apelar a otro tipo de conductas que podrían considerarse más lógicas en esa situación, como la solidaridad?
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¿por qué extraño sortilegio se nos convence de que hemos de buscar la justicia y la equidad en unos partidos políticos u otros, como si estos tuvieran alguna capacidad de intervención en este mundo regido por mano de hierro por grupos financieros y multinacionales que ponen y derrocan gobiernos con la misma facilidad que obligan a modificar constituciones o condenan a la hambruna a regiones enteras del planeta?
Los grupos de consumo intentan dar una respuesta a todas estas preguntas. Somos agrupaciones de personas que nos reunimos para realizar nuestras compras de forma colectiva y de esta forma no sólo se abaratan los costes, sino que se socializan los esfuerzos que conlleva el hacer un consumo “responsable”. Cuando hablamos de un consumo responsable estamos hablando de comprar productos locales o lo más cercanos posibles, de forma que nuestro consumo genere tejido productivo en nuestro entorno, a ser posible en pequeñas producciones familiares o en un régimen de cooperativa que garanticen unas condiciones laborales dignas para las personas que allí trabajan. Consumo responsable es también el consumo de alimentos que salgan de la lógica de la productividad del mercado y pongan en valor nuestra salud y la del medio ambiente; los productos ecológicos no sólo están más ricos, sino que probablemente nos liberan de un ulterior consumo de medicinas y no tienen por qué ser caros si evitamos la perversa comparación entre algo que “parece” una lechuga con otra que es realmente una lechuga. Consumo responsable es aquel que promueve la biodiversidad y la soberanía alimentaria de los pueblos en este mundo en el que 5 empresas acaparan la venta del 85% de las semillas del planeta y amenazan con terminar por monopolizar algo tan sencillo, cotidiano y necesario como es el acto de comer.
Así pues, en los grupos de consumo nos juntamos, nos empoderamos, debatimos y nos organizamos para llenar nuestras despensas, ahorrar dinero y transformar el mundo aquí y ahora, sin esperar a que nadie venga a hacerlo por nosotros y nosotras.









